No hace falta un espejo de verdad para sacar una foto resultona. Un simple charco en el suelo después de la lluvia te da un reflejo perfecto y convierte una escena normal en algo más interesante.
Con el móvil en la mano, te agachas, encuadras el reflejo y disparas. Lo que era una iglesia cualquiera pasa a ser una composición simétrica que funciona sola.
La próxima vez que veas un charco, mira qué se refleja en él. Igual te llevas una foto que no esperabas.