Hay un camino que sale de Candás, pasa por Luanco, Moniello y al final acaba en cabo Peñas, unos cuantos kilómetros después. El camino es una delicia todo el rato pegado al mar con el ruido de las olas rompiendo contra los acantilados. Hay varios miradores que permiten disfrutar del horizonte sin obstáculos, y cuando el sol empieza a bajar la luz se vuelve cálida, dorada, de esa que solo se ve al final del día.
Hay un camino que sale de Candás, pasa por Luanco, Moniello y al final acaba en cabo Peñas, unos cuantos kilómetros después. El camino es una delicia todo el rato pegado al mar con el ruido de las olas rompiendo contra los acantilados. Hay varios miradores que permiten disfrutar del horizonte sin obstáculos, y cuando el sol empieza a bajar la luz se vuelve cálida, dorada, de esa que solo se ve al final del día.